El fin de la circunstancia

Nada de lo verdaderamente importante lo elegimos nosotros: nacer, ser hombre o mujer, morir. Nacer es circunstancial, el sexo lo determina el padre, morir es el fin de la circunstancia.

Inquilino G

No quiero exponerme a la simplicidad de una palabra que encierra un significado, el cual aderezado con tu experiencia, me daría características que tal vez no tengo. Ciertamente tú me ves con un color y una forma específicos, probablemente soy tal como me percibes, probablemente soy distinto.

Sólo recuerda que soy una amalgama de cosas que permanecen inmutables y que cambian a cada segundo, que pueden no existir mas que en ciertos planos de la mente desinteresada, que tratar de conocerme es iniciar un largo y poderoso viaje hacia las profundidades de la vida misma; vida que no es la que conoces, vida que nos depara el destino y nos guarda el pasado, vida que nos atormenta con el presente. Existo como aquella idea que el primer hombre pronunció en el silencio de un sueño y que el último imaginará en el suspiro final.

No quiero discutir ahora sobre mis particularidades visuales –si es que en realidad existen-, quiero que leas en mí ciertas emociones que han marcado el espacio en donde me muevo y que me afirman ante tí. Nací en medio del caos que los hombres consideran principio de todo, pero que no es más que otro eslabón, un eslabón que no terminará con el fin de la circunstancia, un eslabón en el que me tendré que incrustar para morir y renacer, una vez más, a la eternidad. Tal vez, en alguna parte de mi pantalla principal, soy esa idea primera que, después de dar vueltas en el mundo, se cansa de viajar y retorna con toda la sabiduría perdida por la repetición.

Soy un… en esta ocasión no más. Simplemente cierra los ojos, abre las ilusiones. Soy lo que prefieras. Soy un todo que se desvanece con la luz del vacío. Soy para ti.

G

3 comentarios »

  C wrote @

Fue tu cumpleaños: felicidades. Pasó casi desapercibido, lo sé. Sorprendentemente, él sí lo recordó. Sorpresas. A veces las hay.

  G wrote @

¿Crees que había olvidado tu existencia? ¿Creíste que porque me olvide de la cárcel esférica para ser sólo el aire del interior no había pensado en comunicarte? Si así es quiere decir aún no me conoces lo suficiente. Pero si no lo es y la esperanza acechó desde el rincón de la soledad has acertado.

Aquí estoy, he vuelto momentáneamente de un largo viaje que hice con uno de los todos que me conforman: el aire cambiante. No necesito decirlo, pero no soy el mismo que conociste por primera vez en aquella banca tan otrora frecuentada por ti. Hace un tiempo, tal vez lo recuerdes vagamente, se rasgo el envoltorio de color difuso y cambiante y poco a poco, lenta y dolorosamente el interior se difumino, primero por el interior de la ahora no casa y después por las alturas aquellas tan célebres. Sin quererlo, aunque tal vez deseándolo, viaje y percibí. Pero no creas que siempre entendí o disfrute; no, unas veces me dejaba llevar sin aprender o comprender los paisajes, como en un sueño tranquilo. A veces despertaba abruptamente del sueño y llotraba junto con las nubes. Recuerdo una ocasión en que una de mis lágrimas calló cerca de ti, la pisaste y en eso momento percibiste mi presencia, pero no sabías que era yo.

Viaje y estoy de regreso. Tenemos un espacio nuevo donde convivir. No te olvides que estoy ahí, de nuevo puedes alzar la mirada, estirar la mano o cerrar los ojos y podrás ver mis mensajes. Tengo muchos colores para ti, ahora mismo soy rojo y seguiré así para cuando quieras percibirme. Mi forma también ha cambiado, mi aire no es el mismo, tiene elementos de, por ejemplo, los grandes sabios griegos que he visitado. Aquellos viejitos con larga barba, cubriendo su pudor con una túnica que a la menor provocación soltaban. Bastaba que pasara un joven apuesto e interesante para que olvidaran su posición y desearan el calor sin igual revestido de piel. Casi se me olvida: cuando te sientas sola recuerda este pasaje de los griegos y el aire de mi interior saldrá para abrazarte, la piel plástica —también cambiante— arropara tu cama y podremos soñar juntos, tal vez visitar los mundos lejanos y distantes.

Otra transformación es posible: puedo ser más grande, viajar rápidamente y llegar para arrebatarte los malos humores, los quejidos de los demás, el ruido insoportable o cualquier reacción física que experimentes: Basta que cierres los ojos y el temblor lo conviertas en olvido.

Aquí sigo, soy cambiante pero jamás me olvidaré de ti.

G

  C wrote @

Hoy te he visto esconderte fugazmente en el punto ciego de mis ojos, ése provocado por el armazón de mis lentes.
Fingiste no haberte movido ni un milímetro pero tu voluptuosidad te delata.
Está bien si no quieres decirme nada, poco a poco he entendido que necesitas tu espacio lejos de mí para conservar tu yo único y cambiante.
Pronto apagaré la luz y podrás moverte libremente pues mis párpados serán tus cómplices.


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