El fin de la circunstancia

Nada de lo verdaderamente importante lo elegimos nosotros: nacer, ser hombre o mujer, morir. Nacer es circunstancial, el sexo lo determina el padre, morir es el fin de la circunstancia.

El otro sueño

Soñé con la indefensión, con la inmovilidad del espíritu y las cuatro extremidades, con el preámbulo del destino. Mis manos alistaban instrumentos de pelea que no sé usar, mis ojos avistaban a los enemigos aproximándose, midiendo mis alcances, previendo mis movimientos. Mi espíritu flaqueaba, pero mi soledad me impulsaba al no tener qué perder. Mi vista borrosa me traicionaba paulatinamente, lágrimas imaginarias se anteponían a mi percepción del mundo, deformándola y nublándola. El momento se acercaba, los hombres se aproximaban rodeándome, emitiendo un sudor ansioso y un aliento apabullante. Todo se nublaba, debía pelear o escapar, adelantar la tortura o postergarla. Me circundaron; solté los primeros golpes con los palos de madera que empuñaban mis manos, algunos impactaron carne y hueso enemigos, otros sólo alborotaron el aire. Mi vista me abandonó definitivamente, mis fuerzas también, la inquietud de mi cuerpo que ya se sentía ajeno me convenció del fin. Mis agresores vencieron. Captura, tortura, deseo, desprecio. No pude huir como en mis otros sueños. Tampoco despertar.

1 comentario »

  Bazuca wrote @

Sueños recurrentes que me recuerdan las primeras apariciones de Door en Neverwhere.


Tu comentario

HTML-Tags:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>