El fin de la circunstancia

Nada de lo verdaderamente importante lo elegimos nosotros: nacer, ser hombre o mujer, morir. Nacer es circunstancial, el sexo lo determina el padre, morir es el fin de la circunstancia.

Archivos para Julio, 2008

Miniuniverso

Choque de imágenes y sonidos. Eventos que se alejan unos de otros, como -dicen algunos que- pasa entre los cuerpos del universo. Se alejan tanto que dejo de verlas y oirlos. Permanezco inmóvil; estoy despierta.

Conociendo el déjà vu

Pienso casi todo el día en encontrarme contigo. Imagino cómo estarás de humor, cómo te dirigirás a mí, qué impacto tendrá nuestra interacción en ti.

Te pienso siempre como una persona diferente bajo la misma apariencia física. Esto implica que a veces no me conocerás, que otras no me reconocerás, que otras más no te interesarás, que algunas te encantarás con mi presencia. Todo es tan impredecible y tan predecible a la vez. Como vivir un déjà vu con ligeros cambios una y otra vez. Al final, la sensación de haber vivido eso antes, será tan inexacta como real.

Regreso del regreso

“Luego” siempre llega. Eso le digo a alguien a veces pero creo que no le gusta escucharlo, cree que sólo es una forma elegante de evasión. No importa, el luego siempre llega. Y se va tan pronto que en ocasiones no podemos aprehenderlo, no podemos sacarlo del esperado futuro en el que lo teníamos y caduca antes de que podamos palparlo. Deja sólo su estela, su rastro, sus consecuencias, deja el anhelo de esperarlo, el vacío de haberlo vivido, la pérdida de la espectativa.

A veces trae alivio, a veces angustia. A mí me trajo un mar de ideas y sensaciones entre las cuales ya he flotado largo tiempo. Me siento como en un tiempo pasado viviendo en un entorno o espacio del futuro.

¿Y ahora? ¿el ahora es hoy aunque parezca ayer?.

Rostro en una maceta

Hoy por la mañana mire distraidamente por la ventana del comedor y me pareció ver un rostro que me miraba desde una cocina del primer piso. En fracciones de segundo regresé mis ojos hacia aquella cocina y me di cuenta de que no había tal rostro: era una maceta.

¿Cómo pude haber confuniddo un rostro con una maceta? son tan disímiles. Pensé entonces en todas las cosas del lmundo a las que les he dado una identidad equivocada: como un deseo a un simple antojo o una palabra de aliento a un comentario al aire.

Pero de eso estamos hechos: de intepretaciones. Jamás conoceremos la forma absoluta de nada.

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