El fin de la circunstancia

Nada de lo verdaderamente importante lo elegimos nosotros: nacer, ser hombre o mujer, morir. Nacer es circunstancial, el sexo lo determina el padre, morir es el fin de la circunstancia.

Estás en el idioma de la ausencia.

¿Cómo encuentro el equilibrio entre dos cosas que no logro siquiera subir a una balanza? Se me desbordan los sentimientos y la razón intenta, sin éxito, atraparlos en una red imaginaria.

La red termina rompiéndose y éstos escurriéndose vertiginosamente. Me detengo a respirar, lentamente, para intentar llamar a esos sentimientos que se escapan.

Regresan, cuando estoy tranquila, vuelven a su hábitat. Pero la razón se ha ido. Queda la red inservible,  las cicatrices que los sentimientos dejaron al escaparse… y el fantasma de Sísifo que, cuando se vaya, será porque ha vuelto.

El futuro aún no existe

El futuro aún no existe, leí en algún momento de este día mezclado de ansiedad del paso de las horas y añoranza de horas viejas. Me imbuí en un escrito sobre la clasificación de las personas por su fecha de nacimiento según algunas culturas. Un horóscopo. Siempre viene a colación la correspondencia con algùn animal. ¿Por què? Aún a la formaciòn de estrellas en el cielo se le llega a relacionar con animales. ¿De dónde sale esa fijación? ¿Acaso por la creencia de que podemos explicar nuestro comportamiento, remitiéndonos al de uno de esos seres? No creo que conozcamos más de ellos que de nosotros. Creemos conocerlos y, basados en esa creencia, construimos teorías. Pretendemos explicar apoyados en conocimiento endeble (creencias) y sólo llegamos a conclusiones aún más frágiles. Y con ellas medimos al mundo, con ellas hablamos de nostros, con ellas hacemos y deshacemos en un entorno que, de nuevo, desconocemos.

Tanto desconocimiento, tanta suposición resulta igual de desconcertante que nos dirijamos a un destino aún inexistente.

“[...]incluso cuando escribo en primera persona intento ocultarme”

Guillermo Fadanelli

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